Macri mira a las presidenciales de 2011
Infolatam
Madrid, 20 de junio de 2007
Por Rogelio Núñez
(Especial para Infolatam).- El segundo apellido de Macri debería ser éxito. El éxito que le persigue en las iniciativas que acomete. La más evidente es la que ha desarrollado en un equipo de fútbol como Boca Juniors, que el miércoles conquistó su sexta Copa Libertadores, la cuarta desde que Macri está al frente de esta institución.
Macri, heredero de un imperio económico (el Grupo Macri), ha sabido mantenerlo, afianzarlo y hacerlo crecer. Además, ha reforzado sus ambiciones políticas saltando a la fama, apoyado en el club más popular de la Argentina (con el permiso de River Plate).
Macri tiene por delante cuatro años para construir una base partidaria donde sustentar su principal aspiración: convertirse en presidente en 2011. El apoyo al Presidente de Boca proviene sólo de la capital, por el momento, y aunque hay precedentes de conquista del poder nacional desde Buenos Aires (el ejemplo de Fernando de la Rúa es el más cercano) en el caso de Macri, éste no posee un partido de ámbito nacional que le respalde (de la Rúa contaba con el apoyo de su partido, la Unión Cívica Radical, poderoso en el interior y con el izquierdista Frepaso, muy fuerte en la capital).
Macri aspira a tener éxito donde otros fracasaron. Su alternativa liberal conservadora, de centroderecha, ya fue intentada por otros en los años 20 y 30 (Lisandro de la Torre), en los 70 (Manrique), en los 80 (Álvaro Alsogaray) y en los 90 (Cavallo). Todos ellos fracasaron, y terminaron siendo partidos bisagra. Macri aspira a romper esa inercia y cuenta con algunos puntos a su favor.
En primer lugar, el sistema de partidos está roto (el peronismo no existe más allá del kirchnerismo) y el radicalismo es un espectro viviente con algo de poder regional. La izquierda está dividida entre los reformistas y los radicales. Los moderados cuentan con dos líderes: Hermes Binner quien por el momento no pasa de líder local y Elisa Carrió que despierta muchas simpatías pero no arrastra los votos suficientes. Además, ella se ha mostrado incapaz de articular una coalición amplia en torno a ella.
De esa decadencia de los partidos tradicionales surge fortalecida la figura extrapartidaria de Macri, quien en segundo lugar ofrece una imagen de eficiencia en su condición de empresario e ingeniero. No es casualidad que su salto a la política tuviera lugar en 2001 coincidiendo con el derrumbe político y económico de Argentina. Dos años después era derrotado por Aníbal barra en el ballotage para Jefe de gobierno de la capital, tras ganar en primera vuelta y en 2005 se convertía, de forma brillante, por primera vez en diputado nacional.
La experiencia de este próximo mes de octubre será la primera prueba de fuego para Macri. La oposición no tiene casi ninguna opción de derrotar a Néstor Kirchner (o a su esposa) por lo que Macri deberá decidir, con cuidado, a que candidato de la oposición apoya: a su aliado Ricardo López Murphy, como sería lógico; a Roberto Lavagna, con quien mantiene más diferencias pero que es quien más apoyos parece concitar. O a Elisa Carrió, posibilidad remota, dadas las diferencia ideológicas.
Macri atrae votos de la derecha y el centro- y hasta del centroizquierda según algunos analistas. Incluso, y he ahí una tercera de sus fortalezas, tiene cercanía con sectores del peronismo no kirchnerista. Los precedentes no son buenos, de todas formas: Macri ha sido incapaz de conformar con su aliado Ricardo López Murphy una alianza sólida. Son teóricamente aliados pero el recelo y la rivalidad ha signado su relación. En el espectro de la oposición hay muchos generales y pocos soldados. Macri es un general con soldados y, sobre todo con votos, lo cual directamente le convierte en un mariscal.
El trauma de su secuestro en 1991 lo llevó a comenzar con el psicoanálisis y le sitúa como un referente en la lucha contra la inseguridad. Fracasar en este tema donde, por otro lado, no tiene todas las competencias institucionales se le puede volver en contra.
Además, en la campaña presidencial de dentro de cuatro años no podrá escapar de los ataques del kirchenrismo tan fácilmente como lo ha hecho en esta ocasión. La pelea entre Filmus y Telerman le benefició ya que pasó inadvertido. La diferencia obtenida en la segunda hizo inútil los ataques del kirchnerismo a su pasado.
Pero cuando esté en juego la Presidencia, Kirchner se lanzará a deguello contra Macri, atacando sus puntos débiles: su vinculación al menemismo, su procedencia empresarial, sus negocios no siempre claros etc. Macri, parco, cauto y prudente, no podrá entonces aislarse como ha hecho hasta el momento y no tendrá otra opción que entrar en la guerra cuerpo a cuerpo con resultados nunca seguros. Su experiencia en el salvaje y despiadado mundo del fútbol le puede ayudar.
Macri deberá además saber sortear la fuerte presión a la que va a estar sometido. Primero, como Jefe del gobierno de Buenos Aires teniendo enfrente a un Presidente kirchnerista que le negará siempre que pueda el pan y la sal. Los graves problemas de la capital no tienen una fácil solución y cualquier traspié puede convertirse en una debacle para Macri (el caso del intendente Aníbal Ibarra, quien debió renunciar al producirse un incendio en un local de espectáculos que causó 194 muertos, es un buen ejemplo).


























