Los dos países de Uribe

Infolatam
Bogotá, 20 de junio 2007
Por Alfonso Cuéllar

(Especial para Infolatam) “… En medio de la peor crisis política de Uribe desde que asumió el poder en agosto de 2002, el Congreso aprobó todas las reformas económicas y gubernamentales que querría el Ejecutivo; Standard & Poors mejoró la calificación de riesgo de Colombia; la economía creció más de lo esperado en el primer trimestre; Francia, un frecuente crítico del Presidente, elogió sus gestiones de paz y, según las encuestas, 70 por ciento del pueblo colombiano sigue respaldando al primer mandatario. Semejantes contradicciones sólo son explicables en un país que dio vida a la leyenda de Macondo”.

Álvaro Uribe, el presidente más popular en la historia de Colombia, el hombre que restableció la confianza en el país, el líder que cumplió en gran parte con su promesa de seguridad democrática y que por eso fue reelegido en 2006 con una votación abrumadora de siete millones de colombianos, corre el riesgo de ser recordado no por esos indudables éxitos sino por los escándalos sobre los nexos entre políticos y paramilitares.

En los últimos días, dos hechos golpearon de nuevo al mandatario. El viernes pasado, el diario El Nuevo Herald publicó imágenes de un video de octubre de 2001, donde Uribe, entonces candidato, aparece con un jefe paramilitar y otras personas en una reunión. El video en sí no dice nada. Los políticos en campaña se reúnen con miles de personas y no le es posible conocer los todos, como lo resaltó el mismo gobierno en un comunicado. Pero para un Presidente, que ha sido acusado por ONGs de derechos humanos de ser simpatizante de esos grupos ilegales, el video no le ayuda a cambiar esa percepción.

El domingo la revista Semana publicó una entrevista con un narcotraficante, por el cual Estados Unidos ofrece una recompensa de cinco millones de dólares, que tampoco dejó bien parado a Uribe. El narcotraficante dijo que en 2002 él y sus amigos paramilitares apoyaron con recursos millonarios la primera elección del mandatario. Aunque no hay prueba alguna de que esa plata entrara a la campaña -un punto que destacó el gobierno en otro comunicado-, las palabras del narcotraficante agitaron más el entorno y dejaron al Presidente en la posición incómoda de tener que defenderse nuevamente de graves acusaciones.

Emitir dos comunicados en 72 horas dando explicaciones no es precisamente una señal de fortaleza, ni aquí ni en Cafernaún. Refleja cómo ha cambiado el ambiente político en los últimos seis meses. Durante sus primeros cuatro años, Uribe tuvo prácticamente una luna miel. Las crisis fueron pocas , repartidas en el tiempo y con su extraordinario manejo de las comunicaciones, breves. Es más: casi siempre salía fortalecido de esas escaramuzas. Y la agenda de discusión pública, iba de la mano de las decisiones del Presidente. Colombia marchaba al ritmo de Uribe.

Incluso las primera revelaciones sobre relaciones no santas entre congresistas aliados del gobierno y paramilitares no lo afectaron; el Presidente logró mantenerse al margen. Argumentaba (y argumenta) con veracidad que esos hechos precedieron su elección en 2002. Que la gran mayoría de los políticos encarcelados apoyaron en ese momento a sus rivales, otra afirmación cierta. Pero todo eso cambió con un debate en el Congreso en abril pasado. Allí un senador de la oposición salpicó al Presidente. Lo acusó de ser uno de los impulsores del fenómeno paramilitar. No importó que las pruebas fueran débiles; fueron reproducidas nacional e internacionalmente.

Y desde entonces, las malas noticias se han acumulado para la administración Uribe. Desde grabaciones ilegales que le costaron el puesto a varios generales hasta acusaciones de jefes paramilitares contra altos funcionarios. E incluso gestos inamistosos contra el mismo Presidente de parte de figuras políticas del supuesto gran aliado de Colombia: Estados Unidos. En menos de un mes, altos líderes demócratas, entre ellos el ex vicepresidente Al Gore y la presidente de la Cámara, Nancy Pelosi, tomaron distancia del mandatario por esas acusaciones. Pocos países en el continente dependen tanto de Estados Unidos en este momento: Colombia recibe 600 millones de dólares anuales para combatir el narcotráfico y el terrorismo y espera que el Congreso norteamericano apruebe un tratado de libre comercio. El ruido de la llamada "parapolítica" ha entorpecido esas aspiraciones. Obviamente, las noticias recientes – el video y las declaraciones del narcotraficante- no aportan a esa causa.

Pero ese negro panorama no es toda la historia. En medio de la peor crisis política de Uribe desde que asumió el poder en agosto de 2002, el Congreso aprobó todas las reformas económicas y gubernamentales que querría el Ejecutivo; Standard & Poors mejoró la calificación de riesgo de Colombia; la economía creció más de lo esperado en el primer trimestre; Francia, un frecuente crítico del Presidente, elogió sus gestiones de paz y, según las encuestas, 70 por ciento del pueblo colombiano sigue respaldando al primer mandatario.

Semejantes contradicciones sólo son explicables en un país que dio vida a la leyenda de Macondo.

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