El crimen de Rosita

La Nación
Asunción, 24 de mayo de 2007
Por Álvaro Vargas LLosa

“.. la ofuscación emocional que ha reemplazado a todo pensamiento sereno sigue haciendo improbable la promulgación de una ley razonable en materia de inmigración en medio de la campaña presidencial”. (La Nación. Paraguay)

"Hace algunas semanas, Rosita, una boliviana cuarentona, me contaba cómo, en el trayecto hacia los Estados Unidos, fue violada en Guatemala y timada en México, antes de atravesar el desierto de este país, donde perdió a un hermano que rehusó a pagar al "coyote" una retribución mayor que la previamente acordada…. Trabaja doce horas por día, los siete días de la semana, limpiando casas, haciendo mandados y cuidando niños. "¿En qué sentido soy una criminal?", me preguntó al despedirnos.

No lo es, por supuesto. Pero sí es, al igual que otros doce millones de inmigrantes ilegales, víctima de una fantástica ilusión: la ilusión de que las leyes de la oferta y la demanda pueden ser eliminadas por un acto de voluntad política… No obstante el reciente acuerdo entre la Casa Blanca y un grupo de legisladores de ambos partidos, la ofuscación emocional que ha reemplazado a todo pensamiento sereno en este tema sigue haciendo improbable la promulgación de una ley razonable en materia de inmigración en medio de la campaña presidencial.

…En un país con una tasa de desocupación de apenas 4,5 por ciento, ¿quién puede sostener seriamente que los inmigrantes quitan empleos a los nativos? En un país donde varios de los estados con el mayor número de inmigrantes, como Nueva York y Florida, tienen índices de paro por debajo del promedio nacional, ¿quién puede acusar seriamente a los inmigrantes de desplazar a los estadounidenses?

En un país donde medio millón de inmigrantes ingresan de manera ilegal cada año debido a que el millón que lo hace legalmente no resulta suficiente para satisfacer la alta demanda de trabajadores extranjeros por parte de las empresas estadounidenses, ¿quién puede afirmar seriamente que el debate sobre la inmigración es primordialmente un debate entre estadounidenses que obedecen las leyes y extranjeros que las quebrantan?

Y no obstante ello, estos argumentos jamás persuadirán a un político como el representante Tom Tancredo, el republicano de Colorado, porque teme que sus electores no se lo perdonen. El resultado es una inconsistencia ideológica colosal. El conservadurismo -y el Sr. Tancredo se considera la quintaesencia del conservador- ha estado siempre a favor de la inmigración.

Desde Edmund Burke, el filósofo y político anglo-irlandés considerado el padre del pensamiento conservador, hasta Ronald Reagan, quien no tuvo reparos con la palabra "amnistía" cuando millones de inmigrantes fueron legalizados bajo su mandato en 1986, los conservadores han comprendido que la interacción humana espontánea y las instituciones que de ella resultan son las que vuelven saludables, prósperas y pacíficas a las naciones. Son esas costumbres sociales -y no las burocracias desconectadas de la realidad- las que hacen la ley. Para los conservadores, un verdadero legislador es alguien que presta atención a las normas sociales y trata de adaptarse a ellas.

"¿En qué sentido soy una criminal?", pregunta Rosita, quien no tiene el menor problema en encontrar a un estadounidense interesado en contratarla cada vez que necesita cambiar de empleo y cree en el trabajo duro, el ahorro, la familia y las leyes realistas. La respuesta es melancólica: Rosita no es una criminal, sólo una heroína civil antes de tiempo".

Extracto del artículo publicado por el diario La Nación

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