En Caracas pasan cosas

Infolatam
Caracas, 2 de mayo 2007
Por Ibsen Martínez

“… Un gasto público descomunal, sin contraloría alguna, y operaciones de endeudamiento externo cada vez mayores y menos supervisadas, son el rasgo distintivo del petroestado… Veremos qué llega primero: el hombre nuevo socialista del siglo XXI o la megacrisis financiera”.

El 1º de mayo del año pasado, la nacionalización de los hidrocarburos bolivianos me sorprendió en Cochabamba, muy lejos de las ocupaciones simbólicas de añosos campos petroleros y las declaraciones oficiales bolivianas en torno al gas "que ahora es de todos." Desatendí el consejo de un paceño, alguien habitualmente bien enterado, que el día anterior me había dicho: "mañana pueden pasar cosas: quédate en La Paz; siempre podrás ir a Cochabamba en otro momento."

Calculaba yo que en Cochabamba podría entrevistar a quien, en todos los relatos, figura como mentor político de la juventud de Evo Morales. Y que la nacionalización, si bien estaba en el tapete desde hacía meses, no era cosa inminente. Pacté por teléfono una entrevista con él y quedamos para el 1º de mayo en la mañana, en Cochabamba, pero me dio plantón.

Así que me enteré de la nacionalización?se recordará cuán "sorpresivo" fue el anuncio del decreto boliviano?mirando la tele en una cafetería cochabambina. Cuando al fin pude regresar a La Paz?los vuelos domésticos estaban sobrevendidos?, ya todas las manifestaciones y todos los discursos habían terminado. Por lo que pude recoger, no fui yo el único sorprendido: al vicepresidente Garcia Linera, al parecer, lo había dejado Evo Morales deliberadamente in albis, pero esa es otra historia.

Este año, al aproximarse la fecha que, pese al derrumbe del mundo soviètico, no ha perdido carga simbólica, decidí no moverme de Caracas, no fuese a ocurrirme igual que el año pasado. En torno a a la dichosa fecha siempre hay expectativa y este año la "resurrecciòn" de Fidel Castro, profetizada por Evo Morales, era el prodigio que cabía esperar.

No se supo de Fidel en todo el día, pero Hugo Chávez anunció la ruptura de Venezuela con el Fondo Monetario Internacional y con el Banco Mundial. Esto último ocurrió la víspera de una ceremonia de "nacionalización" de un centro de reconversiòn de crudos pesados situado al oriente del país. Las comillas tiene un porqué, que abordaré un poco más abajo, pues la noticia que ha causado mayor efecto, sin duda, es la salida de Venezuela del FMI y del Banco Mundial.

Consultados aquí en Caracas, muchos observadores restaron lustre a la decisión que atañe al FMI, invocando el hecho de que la deuda venezolana con este organismo, al igual que la que ataba a Argentina y Brasil, ciertamente fue saldada a comienzos de año, pero que el monto descomunal de la deuda externa venezolana no se limita a las acreencias con el FMI.

En efecto, tanto Chávez como el ministerio de finanzas venezolano, calculan dicha deuda en 3.300 millones de dólares. Todas las declaraciones oficiales, incluyendo las andanadas de Chávez, pretenden hacer ver que, al romper con el FMI, rompe Venzuela con su único acreedor "imperialista." La deuda clon el fondo, calculada en 3.300 millones de dólares, vencería en el año 2012, y su pago anticipado generaría un ahorro de 8 millones de dólares.

Pero las discrepancias en el cálculo de la deuda externa venezolana autorizan a pensar que esta crece cada día más, y en magnitudes poco saludables, incluso para un petroestado en tiempos de boom de precios. Hace poco, el exdirector del Banco Central de Venezuela, Domingo Maza Zavala, señaló en declaraciones públicas que "la deuda que Venezuela tenía en el pasado con el FMI por concepto de préstamos para mejorar la balanza de pagos, fue cancelada hace tiempo por el ente emisor. Y agregó: "La deuda interna del sector público alcanza más de 15 mil millones de dólares y la deuda externa incluida la de Petróleos de Venezuela, otros organismos públicos y el propio gobierno llega a 45 mil millones de dólares, de modo que el total de la deuda son unos 60 mil millones de dólares".

 

En cuanto al Banco Mundial, el presidente Chávez no dejó de observar, con su característica oratoria llena de dicterios y denuestos, la profunda crisis que atraviesa el banco, sin olvidar aludir la desairada situación personal que en esa crisis se ha puesto el señor Wolfowitz. Se trata, en el caso del BM, de un retiro formal de Venezuela que subraya las pretensiones de Chávez de hacer de su país el motor financiero de un sistema regional de créditos para el desarrollo que permita extender la influencia política de su radical modelo populista "bolivariano" de democracia directa, no-liberal.

La opinión prevaleciente en círculos financieros es que ambos anuncios engastan con el propósito manifiesto de Chávez de moverse hacia el espejismo de autarquía que, créase o no, los altos precios petroleros inducen en su equipo planificador. La reconversión monetaria, anunciada para comienzos de 2008, y que dará a los venezolanos una nueva moneda con tres ceros menos, bautizada desde ahora como "bolívar fuerte", se muestra hora congruente con las decisiones anunciadas ayer en el terreno financiero.

La ocupación simbólica del campo de reducción de crudo pesado en una ceremonia de afirmación de la sobenanía económica ?en la que no faltó el vuelo rasante de dos cazas Shukohi recientemente adquriidos en Rusia?, no logró enmascarar el hecho de la "nacionalización revolucionaria" no ha sido más que de una compra pactada de acciones a operadoras extranjeras que ya habían migrado legalmente hacia la figura de empresas mixtas con Petróleos de Venezuela.

En Venezuela, donde las instituciones se han ido poniendo crecientemente al servicio del jefe de estado y su facción política, la desaparición de las condicionalidades que implica tener tratos con el FMI y del BM, tal vez entrañe para sus seguidores hacer valer un principio de independencia y soberanía económica que hará posible el llamado "desarrollo endógeno", una de las nunca explicadas componentes del no menos enigmático "socialismo del siglo XXI".

Un gasto público descomunal, sin contraloría alguna, y operaciones de endeudamiento externo cada vez mayores y menos supervisadas, son el rasgo distintivo del petroestado. Nigeria es el ejemplo extremo de adónde puede llevar en el plano de las finanzas públicas el delirio prometeico de los booms de precios. Pero Nigeria no aspira a cambiar la faz geopolítica de su continente y la Venezuela de Chávez sí.

Veremos qué llega primero: el hombre nuevo socialista del siglo XXI o la megacrisis financiera.

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