El comienzo de un viaje a ninguna parte

Infolatam
Madrid, 2 de mayo 2007
Por Carlos Malamud

“Siguiendo la estela de Jasón y los argonautas, el presidente Hugo Chávez, acompañado de aviones caza Sukhoi (SU-30) recientemente adquiridos a Rusia, ha viajado al estado de Anzoátegui a nacionalizar los yacimientos de petróleo extrapesado de la Franja del Orinoco. El presidente hizo el viaje pensando que pese a su color negro, podríamos estar frente a un nuevo vellocino de oro, vital para dar el impulso definitivo a su revolución bolivariana”.

Siguiendo la estela de Jasón y los argonautas, el presidente Hugo Chávez, acompañado de aviones caza Sukhoi (SU-30) recientemente adquiridos a Rusia, ha viajado al estado de Anzoátegui a nacionalizar los yacimientos de petróleo extrapesado de la Franja del Orinoco. El presidente hizo el viaje pensando que pese a su color negro, podríamos estar frente a un nuevo vellocino de oro, vital para dar el impulso definitivo a su revolución bolivariana.

Si bien todavía es pronto para valorarlo, y aún no ha aparecido la Medea de turno que acabe con los hijos de su revolución, y con su propia vida, es bastante probable que los acontecimientos que han rodeado a la última celebración del 1º de mayo hayan marcado el comienzo de su viaje hacia ninguna parte. Se puede comenzar recordando una serie de acontecimientos recientes, como la Cumbre energética de América del Sur, saldada con una sorda derrota en su enfrentamiento con un Lula que no está dispuesto a tolerar la condena del negocio del bioetanol ni a seguir contemporizando con nuevas excentricidades, como la creación del Banco del Sur o la construcción de un gran tubo para que circule el gas del norte al sur del subcontinente.

Luego vino la Cumbre del ALBA en Barquisimeto y su anuncio de abandonar el Banco Mundial (BM) ?incluido el Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones (CIADI)- y el Fondo Monetario Internacional (FMI). Su política de abandonos también contempla a la OEA (Organización de los Estados Americanos), si ésta se pronuncia contra su deseo de acabar con una cadena de televisión de Caracas, notable por su oposición al régimen. Ya hemos visto los duros epítetos que dirigió al secretario general de la OEA, José Miguel Insulza, cuando mostró su preocupación por el caso.

Más allá de la opulencia en la que actualmente vive Venezuela, resulta difícil prever adónde la conducirá el dorado aislamiento en que Chávez quiere sumirla.

Lo más grave es que en su deriva arrastra a sus más cercanos aliados, Bolivia, Ecuador o Nicaragua, países pobres sin los abultados recursos que nutren las arcas venezolanos. A finales de abril, el presidente de Ecuador, Rafael Correa, expulsó al representante del BM en Quito, tras acusar al organismo de tratar de chantajearlo con un préstamo de 100 millones de dólares cuando era ministro de Economía en 2005. Posteriormente, durante la Cumbre del ALBA, el presidente de Bolivia Evo Morales anunció que los países firmantes acordaron “retirarse y denunciar de manera conjunta la convención del CIADI, garantizando el derecho soberano de los pueblos a regular la inversión extranjera en su territorio”.

Su explicación se centró en que algunas empresas extranjeras que incumplen las leyes bolivianas han decidido recurrir al CIADI frente a los legítimos derechos de Bolivia y en que el mismo generalmente se ha pronunciado contra los países y a favor de las empresas, incluso si transgreden las leyes, salvo en un par de casos en que favoreció a los EEUU. La idea fue remachada por Chávez, que insistió en el hecho de que mientras haya organismos internacionales subordinados a los “intereses del imperio”, estarán deslegitimados para imponer sus decisiones.

Si Venezuela puede presumir de no necesitar la inversión extranjera, una boutade de difícil cumplimiento, Bolivia o Nicaragua (firmantes del ALBA) las necesitan en abundancia. Esta idea ha sido ratificada por el propio Morales durante el primer aniversario del Decreto Supremo que nacionalizó los hidrocarburos en su país, el 1 de mayo de 2006. Ahora admitió que sin inversión extranjera será difícil avanzar, para lo cual, en un tono menos amenazante que en el pasado, invitó a las empresas petroleras a seguir negociando para continuar su actividad en el país. Este llamamiento es contradictorio con el anuncio de la salida del CIADI, ya que no sólo aumenta la inseguridad y el riesgo de quedarse en el país, sino también desincentiva nuevas inversiones.

Lo mismo puede ocurrir con las empresas presentes en la Franja del Orinoco, sean las que ya han acordado permanecer en el país, como las estadounidenses ChevronTexaco y ExxonMobil, la británica British Petroleum, la francesa Total y la noruega Statoil, o bien aquellas que todavía no lo han hecho, como la estadounidense Conoco Philips, la italiana ENI y Petrocanadá. Si bien las condiciones de negociación son durísimas, su apuesta es quedarse ya que la salida de Venezuela les supondría perder la mayor parte de los casi 17.000 millones de dólares invertidos. Gracias a ellos, diariamente se extraen de la Franja 600.000 barriles de petróleo, prácticamente la quinta parte de los 3.500.000 barriles que el gobierno de Venezuela asegura produce al día, aunque observadores internacionales estiman que se trata de una cantidad algo menor.

El problema radica, si se tensa la cuerda demasiado, en que los incentivos para irse sean mayores a los incentivos para quedarse, o que si se quedan lo hagan reduciendo al mínimo la inversión, como se puede ver en el caso argentino. Sin la tecnología y la capacidad de dirección de esas empresas, virtudes de las que carece la petrolera estatal Pdvsa, resulta difícil mantener los actuales volúmenes de producción, más allá de las invitaciones a invertir hechas a empresas estatales de Argentina, Brasil, Chile, China, India o Irán. Y si esto ocurre, el modelo de Corea del Norte, el verdadero socialismo del siglo XXI, según su líder Kim Jong-il, estará mucho más cerca”.

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