Otra vuelta de tuerca a la nacionalización
Infolatam
La Paz, 17 de abril 2007
Por Fernando Molina
“Quizá lo que más le convendría a Bolivia, … es explotar gas y petróleo directamente… El problema es que no puede hacerlo. No puede hacerlo porque carece de los capitales financieros, humanos e institucionales necesarios para ello”. (Pulso. Bolivia)
“… Por eso tiene que recurrir, para mantener en funcionamiento la citada industria, que es la principal del país, al dinero y al conocimiento de las empresas extranjeras.
Debe invitar a las empresas y aprovecharse de sus inversiones. Y esto es lo que ha hecho, de una u otra forma, pero siempre, a lo largo de su historia petrolera. La forma de asociación varió, los motivos por los que las relaciones se rompieron en varias ocasiones variaron, pero la dependencia respecto a las compañías permaneció sin modificaciones, obligando más de una vez al país a tener que llamar de nuevo a aquellas que con gran suficiencia habían despedido poco antes. Y la dependencia continúa ahora mismo, pese a la tercera nacionalización del gas realizada hace un año.
Un segundo problema es que las empresas privadas que fueron convocadas en los años noventas para trabajar en Bolivia "y que permanecen en el país", empresas cuyo lógico móvil es el lucro, se han involucrado en este negocio con el objetivo de exportar gas boliviano a los países vecinos, pues ahí reside la ganancia, y no por el pequeño y empobrecido mercado interno. Esto es lo natural, lo que está en la lógica de las cosas. Por eso (y también por otras varias razones que no tenemos espacio para enumerar) lo más sencillo para Bolivia, en el plano hipotético, sería prescindir absolutamente de las empresas. Sin embargo, como ya hemos dicho, esto es imposible.
… no es que YPFB realmente reciba los hidrocarburos en alguna planta y luego los refine o los inyecte en los gasoductos. Todas estas actividades siguen en manos de empresas privadas. De modo que lo que en realidad hace YPFB es definir precios, volúmenes, destinos, es decir, ordena el trabajo de las petroleras. Debe hacerlo en el campo de la planificación, usando proyecciones de producción y otros datos estimativos, e interactuando con un conjunto de empresas que no siempre respetan las reglas y que compiten entre sí. Justamente un escenario en el que la “presión por exportar” puede manifestarse y causar roces y conflictos sin cuento.
Hasta ahora ya hubo algunos episodios de desabastecimiento interno, que pueden agravarse si se confirma la noticia que circula por aquí de que las petroleras no invertirán más dinero en ampliar sus operaciones mientras no se les asegure mercados en el extranjero. Las compañías no quieren invertir para subvencionar el consumo local.
Dada esta situación, como es de esperar, el gobierno está preocupado y quiere acelerar las medidas que le darán materialidad al control de YPFB sobre lo que solemos llamar “la cadena hidrocarburífera”. La primera de estas medidas es la estatización de las refinerías, las cuales se hallan en control de Petrobras, para manejar desde ahí el petróleo nacional. Se sabe que esta acción se realizará antes del 1 de mayo, pero no cuáles serán sus características. ¿Será una compra amistosa, como se anunció hace algún tiempo? ¿O una expropiación sin una indemnización clara? En tal caso, ¿cómo reaccionará Brasil, hasta ahora el gran perdedor de la nacionalización boliviana? En breve podremos responder a estas preguntas. Lo que se sabe ahora es que, con esta medida, el clima para las empresas privadas se tornará todavía menos respirable, lo que les causará daño a ellas lógicamente (algo que le gusta a los bolivianos), pero también a la industria petrolera del país, que tan fuertemente depende de estas firmas y de sus inversiones”.
Extractos del editorial publicado en Pulso Bolivia)


























