ALBA y ALCA: El confuso poder de integración en las Américas
Infolatam
Caracas, 22 de marzo 2007
Por Carlos Sabino
…. “Para decirlo brevemente, mejor es aceptar tratados de libre comercio, aún parciales y limitados como los que se están firmando, que dejarse encandilar por la promesa de una integración que ?como la del famoso COMECON socialista- nunca llegará a nada concreto”.
Por todos los medios posibles el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, está tratando de mostrar al mundo que existen en estos momentos dos procesos de integración económica diferentes en América: la conocida iniciativa de libre comercio conocida como ALCA y su propuesta, la Alternativa Bolivariana de integración de los pueblos. La disyuntiva se presenta al observador poco informado como una pugna entre los designios norteamericanos – siempre vistos con algo de recelo en el continente- y una ofensiva de naciones como Venezuela y Cuba, orientadas hacia el socialismo.
Pero, para ser sinceros, debemos aclarar que ninguno de estos dos proyectos está funcionando hoy en el continente. El ALCA fracasó hace tiempo como zona de libre comercio sin restricciones que podría abarcar desde Canadá hasta Tierra del Fuego. No hubo voluntad política para alcanzar un tratado que, como el de los europeos, pudiese ser aceptable para todos y por eso se pasó a iniciativas que, aunque parciales, no por eso resultan de poco valor. El tratado entre los Estados Unidos y Centroamérica, que incluye a la República Dominicana (CAFTA-RD), ya está dando sus frutos en cuanto a acelerar el comercio en esa parte de la región y promete ser tan efectivo, quizás, como el tratado de América del Norte. Muchos otros acuerdos parciales se están discutiendo ahora, o están a punto de firmarse, por lo que la integración parece ir lográndose poco a poco, según lo que van permitiendo las circunstancias.
El ALBA, por otra parte, no ha sobrepasado hasta el momento el plano de las promesas y los discursos grandilocuentes a los que nos tiene acostumbrado el peculiar caudillo venezolano. No hay muchas posibilidades de aumentar el comercio internacional con Cuba, por ejemplo, que tiene una economía por completo estatizada, o con Venezuela, cuyos empresarios están siendo hostigados por el gobierno y poco pueden exportar con el férreo control de divisas al que están sometidos. Es común que ahora, en Caracas, falten por completo productos de primera necesidad, como azúcar, carnes y hasta medicinas. Lo que hace en cambio Chávez es prometer que, con sus petrodólares, se van a construir grandes obras, mientras reparte a manos llenas donaciones que están guiadas por obvios criterios políticos.
Chávez ha prometido desde un gasoducto que atravesará toda Sudamérica de norte a sur hasta una refinería de petróleo en Nicaragua cuyo costo se calcula en 2.500 millones de dólares. Las palabras suenan muy bien, e impresionan a algunos, pero los hechos resultan bastante diferentes: nada de lo que ha prometido Chávez en los últimos años ha comenzado siquiera a proyectarse y, para quien quiera ver las obras del gobierno chavista, no hay nada mejor que viajar a Caracas vía aérea: desde el aeropuerto hasta la capital hay una autopista, construida en los años 50, que está interrumpida hace más de un año por el derrumbe de un viaducto. No hay carreteras nuevas tampoco en Venezuela ni, en realidad, queda ahora dinero para ninguna obra de importancia en el país: todo se lo ha llevado el derroche populista del líder, para no hablar de la corrupción que reina en su gobierno.
En tales condiciones creo que el ALBA no es más que otra fantasía, de esas que nos tienen acostumbrados los líderes mesiánicos, pero que como proyecto de integración no pasa, ni pasará de las declaraciones rimbombantes. Para decirlo brevemente, mejor es aceptar tratados de libre comercio, aún parciales y limitados como los que se están firmando, que dejarse encandilar por la promesa de una integración que -como la del famoso COMECON socialista – nunca llegará a nada concreto.


























