En el nombre de la Energía

Infolatam
Santa Cruz, Bolivia, 28 de febrero 2007
Por Boris Gómez Úzqueda

“.. América Latina -representada por Venezuela, Brasil y Bolivia- tiene que ser un club energético global. Con petróleo, sosteniblemente utilizado, con biocombustibles y con gas. Es una trilogía que no puede divorciarse”.

La energía es el nombre de la nueva deidad que gobierna las sociedades modernas del mundo. El primer mundo anda preocupado buscando energía fósil, y al mismo tiempo investigando la mejor forma de introducir en el mercado las "energías renovables". El presidente George Bush dijo en un mensaje que Estados Unidos debe dejar de ser "adicto al petróleo" y buscar nuevas alternativas al uso de combustibles. La próxima gira latinoamericana del presidente Bush es un mensaje muy claro: está promoviendo la investigación y en un segundo paso las inversiones a ésta alternativa para paliar la gran demanda de energía promoviendo para que Brasil sea socio preferente de su proyecto de constituir un "mercado hemisférico de etanol", con mismas características de cártel de la poderosa OPEP.

El etanol podría, entonces, empezar a marchar en serio. Sin embargo hay que tener planes de ejecución que vayan de la mano con el gas natural, tan abundante y poco desarrollado en América Latina. El aditivo producido a base de plantas con alto contenido de azúcar o de almidón, y que se agrega a la gasolina, contribuirá a mejorar las condiciones de desarrollo económico regional. El etanol es extraído, mediante adecuados procedimientos técnicos, químicos e industriales, a partir de la fermentación del maíz, trigo, cebada, caña de azúcar o celulosa, y puede ser aditivo del diesel o de la gasolina. Agregado a un carburante principal, bajo la forma del Etbe (etil, terio, butil y éter), genera mejores condiciones ambientales principalmente en ciudades que tienen un gran parque automotor, además favorecería al transporte público y privado en cuanto a los costos para mantenimiento de motores y utilización de carburantes

América Latina -representada por Venezuela, Brasil y Bolivia- tiene que ser un club energético global. Con petróleo, sosteniblemente utilizado, con biocombustibles y con gas. Es una trilogía que no puede divorciarse. Es difícil dejar de utilizar combustibles fósiles. Pero gas y etanol bien pueden marchar de la mano. Como en su momento será el hidrógeno -que continúa en pleno proceso de investigación y desarrollo para implementación- es por ello la insistencia: Bolivia, con gas, Venezuela con petróleo y gas (asociado a líquidos) y Brasil con biocombustibles, harán del Continente un verdadero "paraíso de la energía" barata y de acceso democratizado.

Nos hemos cansado de repetir -los optimistas y amantes de lo posible- que estamos en el umbral del desarrollo de Bolivia y su inclusión en el exclusivo "club" de países industrializados a través de la venta de energía a un mercado que -con altibajos- siempre requerirá energía fósil en tanto no se bajen costes de generación de energías alternativas como la del hidrógeno o de los biocombustibles. La clave está en la racionalidad: poner dinero en etanol pero también en gas. No son competitivos, sino complementarios.

Tanto etanol como hidrógeno son parte de esa nueva concepción de mundo y energía de nueva ola que va a motorizar el globo los próximos 100 años. China tiene adelantados planes de diversificación, y cuenta a América Latina entre sus planes. Y, notoriamente, Estados Unidos está avanzando en investigación del hidrógeno para celdas de combustibles de vehículos. Todos, ciertamente, desesperados por buscar energías alternativas a las actuales. Con Brasil la alianza que plantearía Estados Unidos es sinérgica: la mayor parte del etanol consumido por Estados Unidos es brasileiro. Que además del fútbol, su exquisito Carnaval y las garotas tiene el liderazgo en la industria de biocombustibles.

Estados Unidos, es el máximo generador de este combustible, pero lo destila a partir del maíz, o sea que el cártel propuesto sería entre miembros de grandes ligas. Entre ambos bien pueden "monopolizar" el mercado de biocombustibles pero a mediano plazo no se avizora una transformación de la matríz energética global. Brasil tuvo la fortuna de planificar su desarrollo en base a energía limpia: al gas (gran parte que lo importa de Bolivia) y al etanol, que viene fabricándolo hace más de 30 años a partir de la caña de azucar, reduciéndose así su dependencia del petróleo.

Tampoco es novedad que Venezuela -la poderosa exportadora y reserva petrolera mundial- esté viendo nuevos planes de energía alternativa. Recientemente el estado venezolano de Guárico inició un programa que incentiva la siembra de caña de azúcar destinado al uso comercial de etanol e instalar dos plantas de producción para este producto. Lógicamente el proyecto tiene un fuerte componente de apoyo social incentivando el cultivo de caña, destinando a tal efecto más de 20 mil hectáreas ya identificadas en Guárico. Las proyecciones venezolanas con relación a producción de etanol refieren a la instalación de unas 15 plantas en 9 estados del país.

Nadie va a disputar el liderazgo brasilero en etanol, pero Bolivia podría ser parte de esa nueva política global de energía limpia promovida por Estados Unidos. En Bolivia la cosa anda más o menos así: varias industrias de Santa Cruz quieren apostar al futuro con inversiones que mejorarían las condiciones ambientales urbanas, a través de la utilización de etanol. Actualmente, la regulación técnica y jurídica, y la promoción comercial del etanol son objeto de análisis entre el sector privado y público. De esta manera, creemos que Venezuela impulsa el programa de etanol pensando en que no es comercialmente rentable, pero sí socialmente tiene un gran impacto. El debate está abierto. Y nada perdemos con tener en cuenta al etanol como parte de soluciones alternativas para el consumo de energéticos.

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