Consecuencias de la acción popular directa y el liderazgo populista.

Infolatam
Madrid, 7 de diciembre 2006
Por Sonia Alda

Son muchos los retos asumidos por la izquierda en América Latina. Entre ellos la asunción de su liderazgo. Una cuestión que la rivalidad entre los presidentes de Brasil y Venezuela, Lula da Silva y Hugo Chávez respectivamente, ha puesto de manifiesto a lo largo de todo este año.

No son sólo los protagonistas quienes muestran preocupación por ello, sino también el resto de la región. Dependiendo de quien acabe marcando finalmente las pautas de esta heterogénea izquierda podrá atemperar decisiones trascendentales que pudiera tomar este posible "bloque", en el caso del presidente brasileño, o radicalizarlas si finalmente Hugo Chávez logra convertirse en el portavoz del grupo.

La victoria electoral de Daniel Ortega, en Nicaragua y Rafael Correa, en Ecuador, refuerzan al grupo aunque por el momento no se ha despejado a quien de los dos aspirantes apoyaran mas decididamente. Quizás la Cumbre Sudamericana despeje alguna duda. Ambos líderes se han convencido que la confrontación y las tensiones no benefician en absoluto sus aspiraciones, por ello desde la reelección de Lula y, la semana pasada, la de Chávez las señales de estrecha amistad y cordialidad recíprocas se han repetido. Con la propuesta venezolana de reunir a los gobiernos de izquierda, antes de la Cumbre de la Comunidad de Naciones Sudamericanas en Bolivia, pareciera que Chávez de nuevo, como así ha sido últimamente, tomase la iniciativa.

Estas nuevas incorporaciones si en principio refuerzan esta corriente izquierdista regional no dejan de complicar la heterogeneidad que al mismo tiempo la caracteriza. El populismo y la desideologización de parte de este grupo es uno de los motivos de dicha característica. La cuestión es que también estos elementos son los que agudizan la misma crisis de gobernabilidad que les dio origen. Sus propuestas de democracia participativa y la acción directa popular, a la que invitan desde el poder, estos líderes para alcanzar una "auténtica democracia" están conduciendo a agravar la falta de institucionalización de las democracias latinoamericanas. Hasta el momento estas opciones sólo han aumentado la incertidumbre y la inestabilidad social, política e institucional. La falta de apoyo parlamentario para llevar a cabo sus propuestas puede agravar la situación. El nuevo presidente ecuatoriano, Correa, ante esta circunstancia pretende sustituir esta institución imprescindible por la presión ciudadana. Ya ha incitado a sus votantes a crear un frente de resistencia popular para, mediante la presión, garantizar la convocatoria de la Asamblea Constituyente que pretende llevar a cabo.

En cualquier caso las mayorías parlamentarias tampoco parecen garantizar más estabilidad en estos nuevos regímenes participativos, ni contribuir al urgente proceso de institucionalización preciso para fortalecer la democracia en la región. La mayoría absoluta masista, en la Asamblea Constituyente boliviana, que apoya al presidente Morales ha sido el motivo de la profunda división que atraviesa el país y lo sitúa nuevamente al borde del colapso institucional. La suspensión de las sesiones del Congreso, las huelgas de hambre simultáneas de la oposición y de los partidarios del gobierno y las marchas multitudinarias de unos y otros han bloqueado la "revolución democrática" a la que aspira el presidente Morales.

Si el origen de esta izquierda se encuentra en dar respuesta a las demandas populares, los hechos ponen de manifiesto que las fórmulas de democracia participativa propuestas por el nuevo populismo de izquierda hasta el momento no se han configurado como alternativas de gobernabilidad. Por el momento acaban profundizando la erosión institucional que padecen las actuales democracias pero son incapaces de establecer la confianza, la estabilidad o la certidumbre legal e institucional. Las Asambleas Constituyentes o los liderazgos personalistas se demuestran incapaces de superar la situación. Por todo ello lo deseable es que ante estas dos oportunidades la izquierda representada por el presidente brasileño empezara a ser un referente. Sin embargo la solución tampoco radica solamente en dicho liderazgo, sino en que los nuevos gobiernos de izquierda y la ciudadanía se convenzan que la vía segura para alcanzar las transformaciones propuestas pasan necesariamente por la vía institucional, articulando todo cambio mediante el imperio de la ley y no a través de los golpes de calle y el personalismo carismático. De poco sirven nuevas constituciones y refundaciones nacionales si no va a ser respetadas.

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