Kirchner revela una sugerente capacidad de adaptación

Infolatam
Buenos Aires, 15 de noviembre 2006
Por Manuel Mora y Araujo

“En esta primera instancia adversa Kirchner se tornó más institucional y más “razonable”… Esto puede ayudarlo al presidente en el año electoral que se avecina. Más importante es que también puede ayudar a la Argentina a consolidar su calificación como país de bajo riesgo en los mercados financieros”.

El 29 de octubre pasado algo ocurrió en la Argentina. En una pequeña provincia del Noreste del país se votó un plebiscito convocado por el gobierno provincial, donde estaba en juego una posible reforma constitucional para establecer la reelección indefinida de los gobernadores. La relevancia del hecho reside en que el presidente Kirchner avaló al gobernador ?posiblemente inducido por los buenos índices de aprobación de su gestión en la provincia? y este perdió el plebiscito.

Por primera vez, Kirchner experimenta el amargo sabor de una derrota a manos de una coalición política de amplio espectro ?de izquierdas a derechas? unida por un tema institucional y liderada por un outsider de la política, el obispo de Puerto Iguazú Monseñor Piña (a quien el Vaticano parece no perdonarle la osadía política).

Se presentó entonces a los ojos de los argentinos un escenario que no está ausente de su imaginación: ¿cómo respondería Kirchner a una situación política desventajosa? Esta vez, el presidente respondió con una hábil capacidad adaptativa. Primero guardó silencio por dos días, dejando que la prensa y los dirigentes opositores dijeran cuanto tuviesen que decir. De inmediato, procedió a persuadir a algunos gobernadores en busca de la reelección a deponer sus aspiraciones, y estos tuvieron que hacerlo con gran espectacularidad mediática.

Aun más, Kirchner proclamó que en la Argentina habría que terminar con toda reelección, sugiriendo que eso podría llegar a incluir la suya propia. De ese modo, recuperó la bandera de la antireelección antes de que los opositores la hagan suya.

Luego siguió un paso aun más sustancial. La primera dama, la senadora Cristina Fernández de Kirchner, propuso una solución radical a un problema institucional de vieja data: resolver los vacíos en la Corte Suprema de Justicia reduciendo el número de jueces de nueve (de los cuales hoy sólo siete están ocupados) a cinco. Es una vieja aspiración de los jueces y de la parte de la sociedad argentina que se preocupa por estos asuntos institucionales. Fue la primera medida importante propuesta por el gobierno que ha generado un consenso pleno de todos los sectores políticos del país.

Ahora Kirchner ha dado un paso político espectacular a los ojos de los argentinos: ha removido del gobierno al piquetero chavista y antijudío Luis D?Elía, quien se permitió salir en defensa de Irán ante el fallo de un juez argentino acusando a altas autoridades de ese país de complicidad e instigación en el atentado terrorista a la AMIA. Al expulsar a D?Elía del gabinete, el presidente no solamente emprolija su gobierno eliminando a un elemento de pésima imagen pública y habitual creador de situaciones conflictivas; además, deja planteada una línea de tensión mayor con el eje Chávez-Irán.

La respuesta de Kirchner a una mini derrota electoral ha sido recuperar banderas institucionales, acallar las críticas que viene sufriendo por su presunta falta de compromiso con la calidad de las instituciones, facilitar el funcionamiento más eficiente de la Corte Suprema, limpiar a su gabinete de una de sus caras más sucias y reubicar a la Argentina de manera más definida en la arena internacional. Podría pensarse que si la derrota hubiese sido más importante Kirchner se habría transmutado en dos semanas en uno de los más ortodoxos gobernantes del planeta.

La mayor incertidumbre que pesa sobre el gobierno de Kirchner y sobre el futuro de la Argentina es precisamente la duda acerca de cómo Kirchner reaccionaría a momentos adversos, ya que con el "viento a favor" y los éxitos macroeconómicos se entiende que las cartas vengan cayendo todas de su lado. La presunción de muchos observadores viene siendo hasta ahora que Kirchner reaccionaría a la adversidad tornándose más autoritario.

En esta primera instancia adversa Kirchner se tornó más institucional y más "razonable" para los estándares del mundo occidental. Esto puede ayudarlo al presidente en el año electoral que se avecina. Más importante es que también puede ayudar a la Argentina a consolidar su calificación como país de bajo riesgo en los mercados financieros y a despejar algunas incógnitas que incomodan un poco a sus aliados del mundo.

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