La salida de Gushiken marca un ciclo

F. Martins/Infolatam
Brasilia, 14 de noviembre 2006
Por Franklin Martins

“Hay un razonable equilibrio entre los ministros… En el área económica, no existe ya tampoco la figura del todopoderoso ministro Antonio Palocci, que se presentaba o era presentado como el fiador de la política económica. Nadie tiene duda hoy en día de que Lula, y no Guido Mantega, es el responsable por ese área.”

Simbolicamente, la salida del ex-ministro Luiz Gushiken marca un ciclo. Junto con José Dirceu y Antonio Palocci, componen el llamado nucleo duro que dió el tono del gobierno de Lula en sus dos primeros años. Durante casi treinta meses, los tres fueron los pricipales consejeros de su presidene. Ahora, en el momento en que Lula empieza a articular el montaje del equipo para el segundo mandato, ninguno de ellos está más al lado del presidente. El núcleo duro viró papilla y sumió de cena.

Dirceu dejó el Palacio del Altiplano durante el escándalo del “mensalão”. Palocci fue fulminado en el episodio de la fractura de sigilo de casero. Ya Gushiken, también blanqueado por denuncias, optó por alejarse del Ministerio de la Secretaría de la Comunicación Social para no crear engorros políticos al presidente. Pero no quiso salir del gobierno entonces porque pensaba que abonaría la idea de que las acusaciones contra él tenían fundamento. Ahora, con victoria de Lula, llegó a la conclusión de que era la hora de partir.

De boca para fuera, Gushiken sólo tiene elogios a Lula, pero algunos de sus amigos confirman que, en conversaciones reservadas, a cada paso, a cada instante él deja escapar que quedó afligido con la actitud de Lula. Esperaba una solidaridad más firme del presidente, de quien, más que correligionario, siempre fue amigo. Recibió sólo un apoyo protocolario. Gushiken, que, en términos políticos, es zen, no pasó recibo públicamente. La crisis ya era grave lo bastante para que él viniese a agravarla más todavía con un gesto de distanciamiento ostensivo del presidente. Prefirió dar tiempo al tiempo. Sólo ahora limpió los cajones.

Sea como sea, el hecho es que Dirceu, Palocci y Gushiken, el trípode en que Lula se apoyó en las horas críticas en buena parte del primer mandato, no estarán más al lado del presidente. Lo interesante es que, al partir se lleven con ellos un estilo que, de una forma o de otra, hacía sombra a Lula. Y el molestaba.

El dibujo de la cocina del Palacio del Altiplano cambió mucho desde entonces. En vez de un capitán de equipo centralizador, omnipresente, omnisciente y que hablaba por los codos como Dirceu, predomina ahora un cierto espíritu de equipo. Hay un razonable equilibrio entre los ministros, como Dilma Roussef, Tarso Yerno y Luís Dulci. En el área económica, no existe ya tampoco la figura del todopoderoso ministro Antonio Palocci, que se presentaba o era presentado como el fiador de la política económica. Nadie tiene duda hoy en día de que Lula, y no Guido Mantega, es el responsable por ese área.

Y más: el gobierno ahora está libre de la disputa a vida o muerte entre bastidores por parte de Dirceu y Palocci, que, de ojo en 2010, no daban un paso sin pensar en sus proyectos políticos personales. A más de un interlocutor, Lula dijo recientemente que el día a día del gobierno pasó a ser otro, menos tenso y más productivo, después de que los dos pesos-pesados habían sido defenestrados por los acontecimientos. En el fondo, Lula está mucho más a gusto sin los viejos compañeros. queda saber si los resultados de la acción del gobierno serán mejores de aquí para adelante.

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