Los partidos tradicionales tocan a su fin
Infolatam
Sao Paulo, 25 de octubre 2006
Por Luis Nassif
Las actuales elecciones brasileñas son las más importantes de los últimos 16 años, mucho más por sus consecuencias futuras que por el resultado en sí. En la práctica sepultarán el sistema de bipartidismo vigente desde la redemocratización.
En ese período se habían consolidado dos partidos con vocación de poder: el PSDB y el PT. EL primero surgió en el seno de la clase media gerencial e intelectual de São Paulo, y tenía una propuesta original social-demócrata. El segundo nació en el seno del sindicalismo del ABC (región industrial en la Gran Sao Paulo), aglutinó movimientos sociales, practicó una retórica revolucionaria, pero meramente retórica, durante algún tiempo; su vocación también era social-demócrata.
EL PSDB eligió Fernando Henrique Cardoso. Entonces había una división interna en el partido, entre los llamados desarrollistas y los mercadistas o neoliberales. El Plan Real nació con un error inicial fatal, que fue la apreciación de la moneda nacional y la creación de enormes déficits externos, que en la práctica amarraron doce años de crecimiento del país. Al optar por el neoliberalismo, Fernando Henrique prácticamente maniató a toda el ala desarrollista del PSDB, que tiene en José Serra, gobernador elegido del Estado de São Paulo, su liderazgo más expresivo.
Por otro lado, Lula llegó al poder manteniendo la misma división, el mismo know-how de gobernabilidad de FHC. En Hacienda y en el Banco Central puso técnicos ortodoxos que condujeron una política de intereses mucho severa, que provocó nueva apreciación del real tras las desvalorizaciones ocurridas durante las elecciones de 2002. En el otro extremo se abrió espacio simbólico para movimientos sociales. Aunque gran parte de su gobierno estuviera constituido por desarrollistas, en política económica fue todavía más ortodoxo que el segundo gobierno FHC.
Lula acabó atrapado en las prácticas internas del PT, un conjunto de facciones que desde hace algunos años venía siendo dirigido con mano de hierro por el ala paulista del partido, liderada por el exjefe de la Casa Civil, José Dirceu, y heredera de prácticas polémicas heredadas de las luchas sindicales.
El tercer turno — como viene siendo llamado el período postelectoral — muestra las siguientes características:
1. De las elecciones emergen tres nuevos polos de liderazgo: Lula en Brasilia, el gobernador elegido de Son Paulo, José Serra, y el gobernador elegido de Minas Gerais, Aécio Neves; los dos últimos, candidatos firmes a las elecciones presidenciales de 2010. Hay una clara tendencia de esos tres personajes a pactar una alianza que garantice la gobernabilidad y la cooperación entre sus Estados y el gobierno federal.
2. Hay un ala guerrera, que intentará derribar a Lula tras las elecciones. Está comandada básicamente por el ex presidente Fernando Henrique Cardoso y por algunos senadores que salieron derrotados en las últimas elecciones. Tiene fuerte apoyo en la prensa tradicional, pero que también salió chamuscada de las elecciones en el llamado "dossier Vendoin".
En víspera de las elecciones, en complicidad con un comisario de Policía de la Policía Federal, grandes órganos de mass-media, dieron una difusión desproporcionada a las fotos de paquetes de dinero que serían utilizados por el PT para comprar un dossier con material contra sus adversarios. Hubo denuncias de manipulación de las fotos. El episodio marcó, por primera vez, la posición de los blogs como alternativa al oligopolio de la opinión, hasta ahora ejercido por la prensa tradicional.
Probablemente todavía este año, habrá movimientos permitiendo una reorganización de los partidos alrededor de ideas más claras. Todo eso para ver quién consigue agarrar, ahora, la bandera del desarrollo que ni FHC ni Lula consiguieron empuñar.

























