La revolución de Evo

Infolatam
Salamanca, 27 de junio de 2006
Por Flavia Freidenberg

…”En política, lo simbólico importa. Y para los populistas, aún más. Morales encarna el cambio pretendido por sectores campesinos, indígenas y sindicales, que buscan un espacio en el sistema político y también simboliza el hartazgo de la clase media con una élite política corrupta, clientelar y patrimonial y con un sistema de “democracia pactada”, que generó estabilidad política durante algunas décadas pero que fue incapaz de procesar la emergencia (y convivencia) de las nuevas élites políticas con las viejas”.

Bolivia cierra el jueves una polarizada y agresiva campaña para la elección de una Asamblea Constituyente, con la que el presidente Evo Morales busca mayor poder político y la posibilidad de refundar el país, al estilo chavista y bolivariano. Como en otros países de la región, los líderes (y los ciudadanos) parecen estar convencidos que los cambios constitucionales son los que resuelven todos los problemas del país. Como si en América Latina alguna vez los cambios se originaran en la letra de los textos constitucionales.

Aún así, el próximo domingo, 3.5 millones de bolivianos acudirán a las urnas para elegir a quienes redactarán una nueva Constitución y marcarán los pasos que Morales podrá dar en su gobierno. La elección funcionará como una especie de plebiscito para el presidente y su partido, porque de sus resultados se podrá extrapolar el nivel de respaldo ciudadano que tienen ambos a cinco meses de iniciada su gestión. Si sacan una mayoría importante, tendrán la oportunidad de institucionalizar sus reformas y avanzar en su proyecto de transformación, aún cuando todavía no queda muy claro si lo que está haciendo por Bolivia es lo que él soñaba hacer o, como muchos alertan, es parte de la estrategia chavista.

Los votantes también se pronunciarán en un Referéndum sobre las Autonomías, otro de los temas que ha polarizado a la ciudadanía en los últimos tiempos y que da cuenta sobre la complejidad de la realidad política andina. Bolivia está dividida no sólo por la cuestión étnica sino también por las demandas regionalistas, fundamentalmente articuladas en una coalición de departamentos de las tierras bajas orientales, o más bien de los comités cívicos que reivindican más autonomía y que se han radicalizado en los últimos años, al punto de amenazar con separar a esta región del resto del país. Es también una pugna entre los departamentos más prósperos contra los más pobres y centralistas.

Morales ha pedido el voto mayoritario para el Movimiento al Socialismo (MAS), ya que busca por lo menos contar con dos tercios de las 255 bancas en disputa y se ha manifestado por el NO en el Referéndum, porque bajo su criterio populista las autonomías están alentadas por "sectores de la oligarquía". Frente a él, la oposición está por el SI y, lo más probable es que ambos ganen. Morales, la mayoría en la Asamblea, y el SI en los departamentos que quieren la autonomía.

En los últimos meses, quizás pensando en la Constituyente y en su electorado, Morales se apresuró a dar dos pasos importantes en su gestión. El 1 de mayo decretó la nacionalización de los hidrocarburos y, hace unas semanas, también decretó el inicio de la Revolución Agraria, lo que supone la distribución de más de 2 millones de hectáreas entre los que tienen tierra o los que no la tienen en cantidad suficiente así como también entregó títulos de propiedad a comunidades indígenas en relación a 3 millones de hectáreas. Ambas medidas habían sido compromisos de la campaña electoral presidencial que le llevó al poder en diciembre del 2005.

La elección también tiene en alerta a la administración Bush, que el miércoles pasado emitió sus advertencias sugiriendo que el presidente Morales podría usar el voto de la Asamblea Constituyente para promover "reformas potencialmente antidemocráticas". Contrariamente a lo que algunos podrían creer, este tipo de declaraciones fortalecen aún más a Morales, quien representa el fervor nacionalista y antiimperialista propio de los populistas históricos que se han dado en América Latina.

En política, lo simbólico importa. Y para los populistas, aún más. Morales encarna el cambio pretendido por sectores campesinos, indígenas y sindicales, que buscan un espacio en el sistema político y también simboliza el hartazgo de la clase media con una élite política corrupta, clientelar y patrimonial y con un sistema de "democracia pactada", que generó estabilidad política durante algunas décadas pero que fue incapaz de procesar la emergencia (y convivencia) de las nuevas élites políticas con las viejas. Curiosamente, esa democracia fue la que generó oportunidades para que surgieran esos nuevos liderazgos y movimientos de base étnica y/o regionalista y es muy probable que sea esta Constituyente la que le de el tiro de gracia a esa democracia pactada. Evo podrá, entonces, diseñar una Constitución a su medida y legitimar su propia "revolución bolivariana".

 

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