218 millones que se clavan en el alma

Infolatam
Madrid, 12 de junio 2006
Por Consuelo Álvarez de Toledo

Dice la OIT que hay una puerta abierta a la esperanza porque en México y Brasil ya son menos los niños explotados. Pero no hay que tener esperanza, sino indignación. Porque la cifra sigue siendo intolerable. Un puñetazo en la conciencia, si es que hay conciencia. 218 millones (OIT); 600 millones (Save the Children) de niños que trabajan, mano de obra barata, fácil, sumisa, indefensa.

Dice la OIT que hay una puerta abierta a la esperanza porque en México y Brasil ya son menos los niños explotados. Pero no hay que tener esperanza, sino indignación. Porque la cifra sigue siendo intolerable. Un puñetazo en la conciencia, si es que hay conciencia. 218 millones (OIT); 600 millones (Save the Children) de niños que trabajan, mano de obra barata, fácil, sumisa, indefensa.

No hay margen para la autosatisfacción por mucho que nos digan en la OIT que hay unos cuantos niños menos explotados ante la ingente multitud de criaturas que no tienen ni el más elemental de los derechos. La complacencia burocrática sobra.

Hace unos años, no muchos, formé parte de un jurado de UNICEF, sobre el papel de los medios de comunicación en la erradicación del trabajo infantil. Los trabajos presentados en aquellas jornadas de Salvador de Bahía ? niños de la calle, niños que viven en cloacas, niños recogedores de basura, niños prostituidos ? siguen siendo actualidad.

Ayer se conmemoraba el día mundial contra el Trabajo Infantil. Un día más. Hacemos cuentas, presentamos balances, y todo sigue igual. Por un pozo de petroleo, por un yacimiento, por un pedazo de tierra, por una salida al mar, por un espacio aéreo, matamos. Los niños no son de nadie, son tierra de nadie, son los sin-voz, acunados en el espesisimo y oscuro manto de silencio cómplice de la gente mayor, tan rebelde, tan adulta y tan bien organizada para lo que le interesa.

La Organización Mundial Contra la Tortura (OMCT) pidió hoy a la comunidad internacional que considere como una forma más de tortura determinadas condiciones de trabajo infantil, especialmente las relacionadas con la explotación sexual y comercial, la trata de niños y la esclavitud por deudas.

Es como escribir en el agua con puñales que se clavan en el alma.

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