Apunte sobre la campaña electoral mexicana de 2006

Real Instituto Elcano
Madrid, 17 de mayo
Por Fernando Escalante Gonzalbo

“No se puede pronosticar el resultado de la elección. Las encuestas, tomadas con toda la precaución que hace falta, indican un empate técnico entre el PAN (Felipe Calderón) y el PRD (López Obrador), con el PRI (Roberto Madrazo) un poco más alejado, seis u ocho puntos por debajo. Eso significa que, salvo un giro inesperado, el ganador lo será por un estrecho margen”. (Real Instituto Elcano. España)

"La campaña electoral mexicana ha sido inusualmente agresiva, con momentos de tensión, y su resultado es imposible de pronosticar, a poco más de un mes de la elección. Podría ganar tanto el candidato del PAN (Felipe Calderón) como el del PRD (Andrés Manuel López Obrador). En cualquier caso, será una victoria por escaso margen, y eso significa que podría haber agitación e incluso amagos de violencia después de la elección, y que el futuro presidente difícilmente tendrá mayoría suficiente en el Congreso para gobernar sin acuerdos con los demás partidos. El hecho más notorio y que puede tener mayores repercusiones es la caída del PRI a un tercer lugar y su acelerada descomposición…

Ninguna de las campañas ha sido particularmente imaginativa, ninguno de los candidatos ha conseguido articular un discurso propio lo bastante coherente, claro y sólido para ofrecer una imagen reconocible de lo que sería su gobierno. En el papel, la plataforma más completa es la del PRI, la más incoherente y desarticulada, la del PRD, que es básicamente una lista de promesas de muy distinto orden (reducir los sueldos de altos funcionarios, respetar las culturas indígenas y construir un tren de alta velocidad). En la práctica, han dominado los ataques personales y las frases escandalosas, de impacto más inmediato. Los temas importantes que hay sobre la mesa ?reorganización del sistema fiscal y financiero, del sistema de pensiones, política energética y legislación laboral? no están en el centro del discurso de los candidatos porque hay en todos ellos una carga simbólica que los hace difíciles de manejar si se tiene la necesidad de capturar un voto masivo, indeciso.

Roberto Madrazo, el representante del PRI, es muy mal candidato y, fuera de lo que conserva de "voto duro", no ha conseguido ganar apoyo… en lo que se refiere a los temas centrales ?las reformas energética, laboral y de telecomunicaciones?, trata de aprovechar la doble herencia del PRI como partido a la vez nacionalista y modernizador; su mensaje ha sido convincente para una parte del empresariado, sin perder la dosis de ambigüedad indispensable para no enajenarse el voto de sindicatos y organizaciones populares…

En el PAN se impuso, contra la voluntad del presidente Fox, la candidatura de Felipe Calderón… Representa al PAN más tradicional: un partido cívico, conservador y católico…en general presenta una postura clara, favorable a la modernización en política energética, fiscal y laboral: la parte más sustantiva de su discurso se refiere a políticas de generación de empleo.

La campaña del PRD, mucho más que las otras, depende estrictamente de la personalidad de su candidato, Andrés Manuel López Obrador, un político experimentado, de larga carrera, primero en el PRI y después en el PRD, y alcalde de la Ciudad de México los últimos cinco años…se formó como agitador político y su fuerte es la oratoria de mitin, beligerante y simplista… se presenta sin mucha elaboración como el candidato de "los de abajo", agresivamente opuesto a "los de arriba". Sus discursos proponen cambiar radicalmente la política económica, aunque es poco lo que dice en concreto, salvo que pretende aumentar el gasto en obras públicas como recurso para dinamizar la economía; la gente de su equipo, en cambio, en entrevistas y reuniones fuera del país se esfuerza por transmitir la idea de que mantendrá el equilibrio presupuestario, la disciplina fiscal y la estabilidad financiera….

No se puede pronosticar el resultado de la elección. Las encuestas, tomadas con toda la precaución que hace falta, indican un empate técnico entre el PAN (Felipe Calderón) y el PRD (López Obrador), con el PRI (Roberto Madrazo) un poco más alejado, seis u ocho puntos por debajo. Eso significa que, salvo un giro inesperado, el ganador lo será por un estrecho margen. El riesgo que han señalado numerosos analistas es que, en el caso de perder, el PRD no reconociera su derrota; no es un miedo gratuito: hay muchas declaraciones de López Obrador y de su equipo denunciando la presunta parcialidad de las autoridades electorales, de los tribunales, de los medios, y hay también la tradición de protestas violentas de grupos afines al PRD. Eso sin contar con la actual agitación del EZLN en la capital.

El riesgo de que haya estallidos de violencia, tras una derrota del PRD, es real e incluso cercano, en la medida en que podrían actuar grupos incontrolados o más cercanos al EZLN que al PRD. No se puede anticipar ni su extensión ni su importancia. Ahora bien: pasado el escollo de la elección (el momento decisivo será la primera quincena de julio) es razonable suponer que cualquiera que sea el presidente se encontrará con un escenario parecido al de los últimos años: con un partido débil, un congreso sin mayoría y una sociedad muy polarizada. Eso implica que no habrá margen para grandes cambios. No es nada probable que cambien las líneas generales de la política económica ni que se modifique la relación con Estados Unidos. En la política continental México no se sumaría a un hipotético eje La Habana-Caracas-La Paz. Por los movimientos migratorios y los volúmenes de inversión e intercambio comercial México forma parte de América del Norte, aunque sea algo difícil de admitir en público".

Extractos del análisis publicado por el Real Instituto Elcano (España)

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