México: fuerte competencia por la Silla del Águila
Infolatam
Salamanca, 04/05/2006
Por Flavia Freidenberg
“Las encuestas han mostrado durante todo el último año que López Obrador era el favorito… pero, cuanto más cerca está la elección, esa brecha se achica, al punto de que en la última semana, tras el debate televisivo realizado el 25 de abril -al cual Andrés Manuel rechazó asistir-, algunos datos lo ubicaron por debajo de Calderón”.
A dos meses de las elecciones mexicanas más reñidas, como si de una carrera de caballos se tratara y en plena guerra de encuestas, el populista Andrés Manuel López Obrador (AMLO), candidato de la "Alianza Por el Bien de Todos" y, Felipe Calderón, por el gobernante Partido Acción Nacional, son los mejor posicionados para ganar la Presidencia de la República. En un contexto de alta incertidumbre, donde todavía cerca del 30% de los votantes no dice a quién va a votar y en medio de ataques y descalificaciones, la pregunta que a muchos les gustaría responder hoy es ¿qué candidato (y de qué manera) conseguirá el apoyo de los electores indecisos?
Las encuestas han mostrado durante todo el último año que López Obrador era el favorito, colocándolo con diferencias superiores a los diez puntos porcentuales con respecto a su inmediato competidor pero, cuanto más cerca está la elección, esa brecha se achica, al punto de que en la última semana, tras el debate televisivo realizado el 25 de abril -al cual Andrés Manuel rechazó asistir-, algunos datos lo ubicaron por debajo de Calderón. El debate, que fue un intento para discutir sobre propuestas concretas, dejó mucho que desear.
Demasiado pautado, acartonado, con monólogos y ataques y poca interacción programática entre los cuatro que asistieron y la silla vacía de López Obrador. Sirvió para aumentar el conocimiento de los candidatos nuevos, como Roberto Campa y Patricia Mercado (que se lució a partir de la segunda mitad del programa), pero no para que los electores pudieran ver a los candidatos debatir sobre ideas concretas. Muchas promesas y poca explicación respecto a cómo solventar económicamente las políticas públicas que pretenden hacer.
Por primera vez, el PRI no está entre los dos partidos más preferidos para la Presidencia. La duda es quién se llevará a los electores príistas que están molestos, que rechazan a su candidato Roberto Madrazo y que no se resignan a estar en la coalición perdedora. A pesar del histórico "voto duro", de la aceitada estructura de movilización nacional y del "voto oculto" ?electores para quiénes reconocer que votarán por el PRI es vergonzante-, bastantes votantes está buscando nuevas opciones. Esto ya se ha visto con el nombramiento de expriístas en las listas del PAN para la elección de diputados plurinominales al Congreso y también con el apoyo tras bambalinas de la poderosa Elba Esther Gordillo y su sindicato de maestros a la postulación de Campa y el recién creado partido "Nueva Alianza".
El proceso electoral enseña que cuanto más se ataca a López Obrador, más se incrementan las preferencias hacia él, lo que mostraría un efecto "under dog", esto es, el hecho de que la gente vota por él porque considera que está siendo injustamente atacado. Hasta hace una semana, Calderón y Madrazo "le estaban haciendo" la campaña a Andrés Manuel. La equiparación de AMLO con Hugo Chávez, la referencia de que es un peligro para México y las acusaciones de corrupción por parte del PAN, muestran que la campaña negativa más que debilitarlo profundizó su imagen de víctima.
Mucha gente cree que hay una ofensiva contra el candidato de izquierda y, del mismo modo que con el intento de desafuero del año pasado, los dos partidos tradicionales quieren evitar a toda costa el triunfo de López Obrador. En este escenario, el crecimiento de Patricia Mercado como candidata del centro izquierda y el arribo de la marcha zapatista a la ciudad de México han puesto en entredicho nuevamente la capacidad de AMLO para aglutinar a la variopinta izquierda mexicana.
Dos temores rodean la agresiva y costosa campaña electoral que están viviendo los mexicanos. Por una parte, se teme por la posible pérdida de neutralidad del Instituto Federal Electoral, un organismo autónomo que tiene como función supervisar la organización de las elecciones y que ha sido fundamental en la construcción de la democracia desde la década de 1990. Dado que la elección estará tan reñida, cada voto contará y el miedo es que algún candidato no quiera reconocer los resultados, aún cuando el IFE sólo cuenta los votos y es el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación el que califica la elección y emite constancia de mayoría. Por otra parte, se sospecha que muchos mexicanos no acudirán a la cita electoral, como ya ocurrió en las legislativas de 2003, en medio del fuerte descrédito de la clase política y el desencanto con el gobierno del cambio de Vicente Fox, que a pesar de las promesas no ha reducido la pobreza ni eliminado la inseguridad ciudadana.
Gane quién gane la Silla del Águila no podrá gobernar solo. El actual sistema de partidos mexicanos dificulta la mayoría legislativa absoluta, pues está fraccionado en tres grandes partidos, lo que hace que sea necesaria la cooperación y la negociación intrapartidista para poder sacar adelante las reformas pendientes y garantizar la gobernabilidad que el país necesita. Esto condiciona la campaña electoral ya que limita las estrategias de suma cero, de corte excluyente, tan común en sistemas presidencialistas. La política mexicana está en plena ebullición, pero eso es lo que le da vida a la democracia?, o no?


























