El Fondo, los desequilibrios y América Latina
Infolatam
Madrid 27 de abril 2006
Por Paul Isbell
“Antes que pedir más dinero a sus miembros ?o más poder para recaudar sus propios fondos?, el FMI quiere dar la impresión de que sigue siendo relevante para la economía mundial. Aunque no tiene poder real para imponer ninguna solución a sus miembros, la mera posibilidad de que pudiera servir como un foro más multilateral y menos politizado que las discusiones bilaterales entre los grandes actores (principalmente EEUU y China) sería una muy buena noticia para América Latina”.
La reciente reunión semianual del Fondo Monetario Internacional ha producido resultados modestos pero interesantes que podrían repercutir positivamente sobre las economías de América Latina.
Lo más interesante de la reunión ha sido el acuerdo de asignarle al Fondo el papel de mediador principal en la búsqueda de soluciones coordinadas para ir eliminando progresivamente los grandes desequilibrios globales. Si el Fondo logra ejercer esta función de manera más eficaz de lo que lo ha hecho hasta el momento el G7, habrá prestado un gran servicio a la economía mundial en general y a América Latina en particular.
De momento, las economías de América Latina, por lo menos en términos macro, están disfrutando de su mejor coyuntura desde principios de los años 70. El crecimiento sigue tirando fuertemente; la inflación y los déficit fiscales están, en general, bajo control; las balanzas exteriores están en superávit; los tipos de cambios permanecen estables; y se acumulan cantidades significativas de divisas. Incluso la deuda externa ha mejorado ligeramente, utilizando Brasil, Argentina y Uruguay parte de sus crecientes reservas para pagar por anticipado sus deudas con el FMI.
De hecho, antes de la reciente reunión, la gran preocupación del FMI no eran los problemas económicos de los países de América Latina. Mucho más preocupante era la posibilidad de que el Fondo se hubiera convertido en un organismo irrelevante, con casi todas las economías emergentes acumulando cantidades ingentes de divisas y así prescindiendo de la necesidad de depender de la financiación oficial del Fondo. Pero incluso más inquietante era que el propio Fondo se pudiera quedar sin financiación suficiente a medio plazo después de que los países del MERCOSUR hubieran pagado anticipadamente grandes cantidades de deuda. Esto podría haber obligado al Fondo a buscar otros ingresos para sustituir aproximadamente 300 millones de dólares al año en intereses perdidos, equivalente a más o menos un tercio de su presupuesto operativo, según ha declarado el director gerente del Fondo, Rodrigo Rato.
En este contexto, no es difícil entender por qué el Fondo ha sorprendido al mundo con la propuesta de convertirse en el arbitro de los grandes desequilibrios globales (déficit estadounidenses, superávit asiáticos y de productores de materias primas, y falta de demanda interna europea). Antes que pedir más dinero a sus miembros ?o más poder para recaudar sus propios fondos?, el FMI quiere dar la impresión de que sigue siendo relevante para la economía mundial. Aunque no tiene poder real para imponer ninguna solución a sus miembros, la mera posibilidad de que pudiera servir como un foro más multilateral y menos politizado que las discusiones bilaterales entre los grandes actores (principalmente EEUU y China) sería una muy buena noticia para América Latina.
Al fin y al cabo, la buena marcha actual de las economías latinoamericanas se debe a la fuerte demanda de sus exportaciones en EEUU y China ?cuya raíz está en el mantenimiento de los grandes desequilibrios y el régimen de bajos tipos de interés que provoca?. Si esta relación simbiótica ?que algunos han denominado el "equilibrio del terror financiero"? entre EEUU y China se deshace de forma espontánea, a través de un ajuste desordenado y una caída abrupta del dólar, el resultado será un alza significativa de los tipos de interés, poniendo en entredicho el crecimiento actual de la zona y amenazando con una nueva crisis financiera, ya que muchas de sus economías continúan padeciendo altos niveles de deuda externa.
Por eso, cualquier desarrollo ?como el resultado de la última reunión del FMI? que pueda ayudar a evitar un severo ajuste en la economía mundial será muy bienvenido en América Latina, que aun requiere un período mayor de crecimiento sólido y de estabilidad macroeconómica para poder ir reduciendo su carga deudora e implementando ?a su propio ritmo? la amplia gama de reformas necesarias llamadas de "segunda generación".


























