La Tolerancia como política de Seguridad
Fundación Ideas para la Paz
Oxford
Por Joaquín Villalobos
“Las políticas de seguridad se pueden simplificar en dos grandes corrientes, la que utiliza mucha fuerza con poca inteligencia y la que emplea mucha inteligencia con poca fuerza; entendiendo lo anterior en sentido global, ya que inteligencia es no sólo información y espionaje, sino estudio y conocimiento de la amenaza”. (Ideas para la Paz. Oxford)
"Las políticas de seguridad se pueden simplificar en dos grandes corrientes, la que utiliza mucha fuerza con poca inteligencia y la que emplea mucha inteligencia con poca fuerza; entendiendo lo anterior en sentido global, ya que inteligencia es no sólo información y espionaje, sino estudio y conocimiento de la amenaza. Por otro lado, la fuerza puede emplearse de forma reactiva, ostentosa e inútil, o de manera planificada, cuidadosa y eficaz.
En la tradición militarista es más importante provocar miedo a la autoridad, que crear una cultura de la legalidad, cuando es esa cultura la que construye los soportes de información, cooperación y confianza en el Estado, al mismo tiempo que reduce la reacción y aísla el problema. De esa manera, cuando la represión se vuelve inevitable, ésta puede ser precisa y eficaz.
Las políticas de seguridad que priorizan la fuerza generan ellas mismas una resistencia que multiplica el problema. Es un problema matemático y físico, la ventaja social aumenta numéricamente las posibilidades de información y todos sabemos que si aplicamos fuerza sobre un objeto recibimos una fuerza de reacción en dirección contraria, por ello fue necesaria la rueda y la palanca que, en definitiva, son más inteligencia que fuerza.
Para los países de Latinoamérica con crisis de seguridad, el modelo británico puede ser de gran utilidad. La construcción de relaciones comunidad-instituciones y el principio desconocer y cooptar para aislar el problema, resultan más valiosas que el modelo aparatoso, caro, represivo e ineficiente de una seguridad basada sólo en la fuerza. Por ejemplo, para un país en conflicto como Colombia, que necesita conquistar e incorporar territorios que tenía abandonados, resulta esencial la idea de aislar a los grupos armados y evitar a toda costa acciones y conductas de la fuerza pública que multipliquen la conflictividad.
Aprender a diferenciar al enemigo armado, del no armado; al cuerpo social de apoyo, de los grupos armados mismos; al opositor político, del enemigo del sistema y a la insurgencia, de la protesta social, son componentes centrales que facilitan tener ventaja en el uso preciso de la fuerza. Esto evita errores como reprimir donde hay que ganar simpatías o maltratar a quien se debe cooptar.
En El Salvador el modelo americano condujo a que algunos mandos del ejército asesinaran a seis académicos jesuitas por qué pensaban que éstos eran el mando de la ofensiva guerrillera de 1989. En Colombia los paramilitares representan esa misma versión primitiva de seguridad basada en la fuerza.
Hay quienes los consideran "un mal necesario", pero la verdad es que multiplicaron él problema, debilitaron la autoridad del Estado, desprestigiaron a la clase política y ahora amenazan con ser la más larga y dolorosa pesadilla de una posible pacificación. La tentación del modelo vengador que exhibe las cabezas de sus enemigos es siempre grande por ser más fácil para ganar electores, lo trágico es que ese camino puede costarle más muertos a la fuerza pública.
En Irak las tropas americanas prácticamente han incorporado los anteojos oscuros a su equipo, es decir, que además de ser de extranjeros con distinta raza, cultura e idioma, se colocan una indumentaria que obstruye el contacto visual con la población, aumentando las razones para que los rechacen.
El problema es que ese militar tipo "Rambo con lentes ahumados" o el policía "duro de matar" violento, mal encarado y prepotente es lo que más buscan imitar nuestros países. Colombia ha abierto un camino diferente con los programas de convivencia y cultura de legalidad en Bogotá y con la doctrina de seguridad democrática, dos aportes vitales hacia una seguridad que por ser democrática debe ser eficaz".
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