Ecuador: ¡Los indígenas otra vez en acción!

Infolatam
Salamanca 15 de marzo 2006
Por Flavia Freidenberg

En un contexto de alta inestabilidad política, inmovilidad por parte de un gobierno débil y alta polarización de la clase política y de algunos sectores de la sociedad civil, que cada vez más buscan opciones antipartidistas y recetas extrainstitucionales, movilizaciones de este tipo sólo conducen a poner aún más en peligro la frágil democracia ecuatoriana.

La Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE) ha vuelto a poner en práctica sus estrategias de movilización, consistentes en bloquear, polarizar y agitar, que tanto éxito y visibilidad le han dado desde su creación en la década de 1980. Luego de haber estado seis meses compartiendo el ejercicio del poder junto al ya destituido Lucio Gutiérrez (abril de 2005) y tras dos años de aparente silencio, la CONAIE se ha movilizado para exigir el cumplimiento de una de sus demandas históricas: que no se firme el Tratado de Libre Comercio (TLC), como parece que ocurrirá con Colombia o Perú, y que se cancele el contrato con la compañía petrolera Oxy. Estas movilizaciones ya se han cobrado su primera renuncia, toda vez que el Ministro de Gobierno, Alfredo Castillo ha dejado su cargo, luego de manifestar que los indígenas tienen razón respecto a demandar mayor claridad en las negociaciones del TLC.

 

Los motivos que han llevado a la movilización parecieran estar en la necesidad de reposicionamiento político de la CONAIE y en el aprovechamiento de una demanda general en la sociedad ecuatoriana, centrada en un fuerte sentimiento antipartidista. En esta oportunidad, junto a los dirigentes indígenas, se encuentran la Cámara de la Agricultura, grupos de extrema izquierda, la Central de Trabajadores y otras agrupaciones campesinas y de trabajadores provinciales, que manifiestan además múltiples demandas, desde la salida de la Base de Manta, el no involucramiento en el conflicto colombiano o la nacionalización del petróleo. Sin discutir sobre la legitimidad de todas estas exigencias, uno podría pensar que no son más que excusas para llamar la atención de la opinión pública, respecto a la alta capacidad organizativa del sector indígena y su potencial de movilización.

La CONAIE necesita mostrar que sigue siendo un actor de peso y, con ello, recuperar el terreno perdido tras su participación en el gobierno y las divisiones surgidas en los indígenas por la política clientelar de Gutiérrez. En ese rearme organizativo ha sido clave Luis Macas, ex diputado del brazo político de la CONAIE, el Movimiento Unidad Plurinacional Pachakutik ? Nuevo País (MUPP-NP) y Ministro de Agricultura en los primeros seis meses del gobierno de Gutiérrez. A inicios del 2005, cuando Macas asumió las riendas de la CONAIE, ya anunció que en su agenda estaba la oposición al TLC. Desde ese momento se ha dedicado a rearmar estratégicamente la estructura organizativa, de cara a tener más capacidad de negociación en el actual escenario preelectoral.

Esto se da paralelamente a la radicalización de los sectores indígenas al interior del MUPP-NP, que se han vuelto mucho más ortodoxos respecto a la presencia de mestizos y blancos en el Movimiento, lo que ha provocado la salida de importantes dirigentes de la agrupación en los últimos meses y le está haciendo perder la heterogeneidad étnica y de clase que le ha caracterizado desde sus orígenes. Además, esto supone un regreso a la lógica de actuación bifronte del sector indígena, esto es, presionar desde fuera de las instituciones (desde la calle) al mismo tiempo que se compite en las elecciones, se ocupan escaños en el Congreso y se gobierna a nivel local o provincial.

La pregunta es hasta qué punto será exitosa la estrategia de polarizar y agitar el frente interno a ocho meses de las elecciones presidenciales y legislativas y en qué medida esto puede impedir la firma de un TLC que parece ser a esta altura imposible de evitar. En un contexto de alta inestabilidad política, inmovilidad por parte de un gobierno débil y alta polarización de la clase política y de algunos sectores de la sociedad civil, que cada vez más buscan opciones antipartidistas y recetas extrainstitucionales, movilizaciones de este tipo sólo conducen a poner aún más en peligro la frágil democracia ecuatoriana.

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