“Un buen Presidente”

Infolatam
Madrid.- 05/03/2006
Por Federico Ysart

El presidente que el próximo fin de semana saldrá de La Moneda se lleva el reconocimiento positivo de un 60% de la opinión pública. Esos niveles de respeto demuestran mejor que cualquier tesis doctoral o campaña propagandística que el personaje en cuestión hizo bien los deberes, tanto como para haber captado la adhesión de votantes ajenos. Y una de las claves está sin duda en el cumplimiento de aquel propósito inicial: dejar el pasado en su sitio.

Hace seis años, Ricardo Lagos anunció en su primer discurso como presidente de la república que no llegaba para administrar las nostalgias del pasado. Con aquella frase iba más allá del tópico "voy a ser el presidente de todos los chilenos". Cualquier mandatario recién elegido proclama su generosidad para con los derrotados, sobre todo cuando los derrotados son casi una mitad del país, y más aún si es el representante de una coalición en la que conviven socialistas y democristianos.

El presidente que el próximo fin de semana saldrá de La Moneda se lleva el reconocimiento positivo de un 60% de la opinión pública. Esos niveles de respeto demuestran mejor que cualquier tesis doctoral o campaña propagandística que el personaje en cuestión hizo bien los deberes, tanto como para haber captado la adhesión de votantes ajenos. Y una de las claves está sin duda en el cumplimiento de aquel propósito inicial: dejar el pasado en su sitio.

Tentaciones de revolver en la memoria histórica no le habrán faltado al primer socialista que alcanzó la presidencia después de Salvador Allende. Pero hoy cabe asegurar que no fueron mayores que el grado de realismo en que se ha movido la política chilena desde que en 1990 la Concertación de partidos por la democracia tomó el relevo a la dictadura pinochetista.

La política económica que los organismos internacionales acostumbran a citar como modélica fue potenciada, más que respetada, en estos seis últimos años bendecidos por la bonanza general y por el precio del cobre. La reforma parcial de la Constitución para eliminar algún vestigio de la dictadura, ha sido otro punto cardinal de la presidencia. También ha coincidido con estos años la caída final de Pinochet en los juzgados del crimen, por causas relacionadas con corrupción y derechos humanos. Enfrente, en el largo capítulo de cuestiones pendientes, siguen los sistemas educativo y de salud. También el provisional. Y en la agenda política apareció un tema nuevo: la corrupción.

La personalidad de Ricardo Lagos no es habitual en el espectro político del continente americano. Pertenece a esa corta estirpe de mandatarios, como el brasileño Fernando Enrique Cardoso, capaz de gobernar con tino y por encima de los partidos de origen. Suelen dejar el poder con un reconocimiento generalizado de sus méritos, pero sólo alguno, como Lagos, lo puede hacer pasando el testigo dentro de su mismo partido. Su descarada apuesta por Bachelet, la sucesora, no llegó a arruinar su capital: ser presidente de todos los chilenos.

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