EL FMI y la Política monetaria del Brasil

Infolatam
Sao Paulo, 20 de enero, 2006
Por Luis Nassif

“Desde el punto de vista financiero, Brasil no hizo un buen negocio pagando por adelantado al Fondo Monetario Internacional. El dinero del Fondo es bastante más barato que el de las compras internas de reserva cambiaria por el Banco Central.”

El BC compra dólares en el mercado, que son remunerados a tasas del 3 al 4% al año. Después, para evitar la inflación monetaria emite títulos que son remunerados en general a un 18% anual. El costo de buscar reservas en el mercado es muy caro.

Aun así, el pago anticipado al FMI es parte de la estrategia Brasilera de tratar de reducir aun más el riesgo país, para poder prepagar la deuda externa y la deuda interna amarrada al tipo de cambio. Hoy en día es irrisoria la parte de la deuda amarrada al dólar. Tanto el Gobierno como el sector privado trataron de liquidar sus pasivos en dólares, después de las perdidas sufridas entre 1999 y 2002, con la desvalorización de la moneda.

Con esto, el país se vuelve mucho menos vulnerable a los movimientos especulativos que en la campaña electoral de 2002. Los diversos momentos de crisis cambiaria siguen una lógica. Primero, cualquier episodio crea inseguridad en relación al cambio. Después sigue una carrera de empresas endeudadas, comprando dólares para protegerse de las oscilaciones. Esta carrera provoca una desvalorización del Real, llevando a los inversionistas financieros a deshacerse rápidamente de la moneda, sacando sus recursos del país.

Con el pasivo cambiario bastante reducido, este movimiento será minimizado. Ahí entramos a un desafío mayor, que mantiene amarrada la economía del Brasil desde el invento del Plan Real: la reducción de los intereses y un cambio de perfil de la deuda Brasilera de post-fijada (esto es, con los dividendos siendo definidos durante el devenir de la vida del título, de acuerdo a la tasa fija dada por el BC) para pre-fijada (aquella en que los dividendos son definidos en el momento en que el título es lanzado).

Estos dos movimientos ?reducción de los intereses y cambio de perfil de la deuda-conseguirán inducir al inversionista brasileño a invertir en plazos más largos. Con intereses menores, además, parte del ahorro podrá ser liberado en inversiones privadas.

Hoy en día, el país está prácticamente preparado para el crecimiento. Existe una industria de fondos similar a la de España (como proporción del PIB), empresas con potencial de crecimiento y un buen know-how para el lanzamiento de acciones.

Los principales obstáculos a este movimiento son el conservadurismo del Banco Central Brasilero y del Ministro de Hacienda, Antonio Palocci. En un principio, para enfrentar el escepticismo con que su elección fue asimilada por el mercado, el presidente Luis Inacio Lula da Silva asumió una política monetaria bastante conservadora. Con el tiempo, la situación interna mejoró, el mercado reaccionó bien a Lula y Palocci , pero el BC mantuvo una posición ultra conservadora.

El actual directorio es bastante inexperto y académico, muy dado a las planillas y formulas listas. Y Lula es un presidente poco dispuesto a correr cualquier tipo de riesgo. Esa postura algo miedosa de Lula debiera agravarse después del tiroteo de denuncias con que su gobierno fue sacudido en los últimos meses.

Probablemente solo un nuevo presidente, con la popularidad conferida por todo inicio de mandato, tendrá condiciones de desatar el nudo ciego de las tasas de interés y permitir el crecimiento de la economía. Las condiciones están dadas: solo falta el estadista.

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